CRÓNICA PATEADA 262


El hospital psiquiátrico Congostra decidió poner en práctica un programa piloto consistente en que sus pacientes realizasen un recorrido por el monte, para comprobar si así la terapia resultaba más efectiva. El lugar elegido fue Viana do Castelo. Se trasladaron hasta el lugar en coches particulares, ya que ninguna empresa de autobuses quiso hacerse cargo de unos locos con bastones con los que podrían golpear al conductor.
En Congostra se pueden ver diversas patologías. Como la ley de protección de datos no permite referirse a estos pacientes por sus nombres, los llamaremos por sus patologías.
Un caso es el paciente que saca un aparato GPS y dice que una voz divina le indica por donde caminar. Otro caso es el del paciente que presenta un desdoblamiento de personalidad por el cual se sale de los caminos marcados y se va tojo a través creyéndose una cabra montesa. También está el caso de una paciente que habla inglés en la intimidad, creyéndose la primera ministra británica. Luego está esa paciente que te asigna cita previa para un supuesto médico en un supuesto hospital de Pontevedra. Sin olvidar el caso del paciente que se cree un militar, viste como tal y piensa que está de maniobras en Afganistán.
Así pues, con semejante percal, llegaron a Viana do Castelo para su terapia senderista. Comenzaron sobre las 10:50 de la mañana, después de dar considerables vueltas por la ciudad buscando el punto de encuentro de los pacientes psiquiátricos. Durante el viaje llovía copiosamente (un tiempo de locos).
Comenzaron a caminar frente al hospital Santa Lucía. Al poco de empezar la primera subida, notaron estos pacientes que se les enterraban los pies excesivamente en el barro, tanto que uno decía: “¡¡¡arenas movedizas!!!”. Hubo que seguir por un lateral del camino para que no cundiese el pánico tan temprano.
Sobre la base de un cruceiro que encontraron minutos después, el paciente con patología de cabra montesa dice: “aquí foi onde morreu Jesucristo”. Probablemente, no había tomado su medicación.  Y siguiendo monte arriba, en la conversación se acusó a uno de los congostreños allí presente de ser sospechoso de ser cronista. Las reacciones no se hicieron esperar:
-          E parecía parvo.(dice una paciente con memoria de pez)
-          Este fala pouco, pero pensa moito. (dice el paciente con patología de cabra montesa)
Finalmente, acusado de cronista señalado por este sanedrín improvisado se escabulle para evitar su crucifixión.
Unos pocos kilómetros después, la congostreña que se cree Thatcher dice que al volver a casa tendrá que llamar antes de entrar, no vaya a ser que su pareja no esté precisamente sola. Lo que provoca cierta hilaridad entre el resto de pacientes.
Y unos momentos después, los pacientes del hospital psiquiátrico Congostra llegan hasta el monasterio de San Francisco do Monte. Una construcción en piedra, fundado en el siglo XIV y que actualmente se encuentra en ruinas. Allí los pacientes recorrieron todas las estancias, desde abrevaderos para ganado, ventanales que parecían acomodados para la lectura, lugares para lavar, etc.
A la salida misma del monasterio, los pacientes deciden hacerse una foto de grupo en un cruceiro, y la utilizan algunos de ellos para enviársela a los pacientes que no han querido venir para no mojarse, con ánimo de darles envidia.
Al salir de este monasterio, el recorrido transcurre por un paisaje de eucaliptos y grandes piedras en el suelo. El tiempo ha cambiado y se ha hecho mucho más llevadero. Los pacientes critican con severidad a otros pacientes que no quisieron venir por el mal tiempo. Al parecer, mientras que el tiempo ha mejorado mucho en Viana do Castelo, en Vigo sigue lloviendo mucho, lo que provoca la risa maliciosa de los pacientes caminantes: “mira que non querer vir por non mollarse, e agora se mollan eles alí”.
Más adelante en el recorrido, se aprecian unas trincheras excavadas en el suelo, dicen que hechas por unos boy scouts. El paciente con patología de cabra montesa se oculta dentro de una de esas trincheras, decidido a dar un susto a alguien. Uno de los pacientes (que se cree una miñoca) se acerca a la trinchera con curiosidad y se sobresalta con el grito del paciente con complejo de cabra montesa.
Tiempo después, llegan a la localidad de Baldio de Areosa, donde se encuentran una “carreira de tiro militar”, o para mejor decir, un lugar para prácticas de tiro del ejército. Alguna de las pacientes allí congregadas le dice al congostreño que se cree un militar de maniobras, que mejor se puede quedar allí. El aludido no contesta, pero pone expresión de mandarla al carallo.
Después de unos kilómetros, alcanzan a ver el río Limia, llamado en Portugal río Lima. Y poco después llegan a la parte alta de Viana do Castelo, pasando primero por la magnífica piscina de un hotel. Los pacientes lamentan que una cristalera les impida el acceso a la piscina, pero casi fue mejor así, teniendo en cuenta el hábito de algunos congostreños de bañarse en pelotas en cualquier sitio con agua, lo que provocaría que el personal del hotel avisase a la guardia nacional repúblicana. Las vistas del río son magníficas, dignas de una postal.
Al llegar al santuario de Santa Lucía, el paciente con complejo de cabra montesa se pone a bailar la muñeira con una estatua de una mujer bailando, pero tocándole las tetas. Probablemente, este paciente seguía sin tomar su medicación.
Tras esta visita, los pacientes hacen parada en una cafetería, donde se da la circunstancia de que todas las mujeres toman una consumición dentro de la cafetería y  todos los hombres se quedan fuera. Qué lejos quedan ya aquellos tiempo donde estaba mal visto que las mujeres estuviesen en los bares y cafeterías. ¿Será al revés ahora? ¿Tendrán los hombres que reivindicar sus derechos?
Tras el piscolabis, los pacientes del hospital psiquiátrico Congostra prosiguen su caminata. Al adentrarse en el bosque, el grupo se divide en dos: un grupo más adelantado y otro que queda más rezagado por ir de rollo y sacando demasiadas fotos. Los pacientes del grupo adelantado, al ver una caseta abandonada, deciden esconderse dentro de ella, para que cuando lleguen allí los pacientes del grupo rezagado, no sepan por donde hay que seguir. Efectivamente, los del grupo rezagado, loquean preguntándose por donde será el camino y dónde se habrán metido los demás. Finalmente, los escondidos deciden aparecer fingiendo que han dado un rodeo. Cosas de locos.
Más tarde, los pacientes llegan a la aldea de San Mamede, donde hacen parada para comer. Allí pueden observar una ranura donde el cura del pueblo recoge las limosnas de los fieles, al lado de la cual puede leerse un cartelito que dice: “Nao venha con conselhos”, es decir, no me venga con consejos (y suélteme la pasta, solo le faltó añadir). Los congostreños se van del lugar haciéndose una extraña foto con la pierna estirada sobre una piedra. No hay que buscarle explicación, son pacientes psiquiátricos.
Posteriormente, llegan a un lugar llamado Aldeia Vella. La paciente con memoria de pez, al ser preguntada por el nombre de este pueblo, dice: “este sitio se chama Entreportas”, señalando el cartel de una empresa inmobiliaria. Se forma el descojone en el grupo.
Pocos kilómetros más tarde, la congostrada comienza un recorrido por una canalización de piedra para trasladar agua. Se advierte que hay que tener cuidado, por la estrechez de la canalización y por los posibles resbalones. Recorren de esta manera unos 3 kilómetros, con algún desvío para ver ramificaciones de esta canalización. En una parada del recorrido, una paciente con tendencia a caerse es fotografiada en primer plano, a lo que responde: “no publiques eso ni de coña, que se me ven las arrugas”.
De ahí a un poco, el recorrido de la canalización lleva hasta un puente de unos 8 metros de alto, rodeable por los lados a la altura del suelo, pero que algunos de los pacientes más graves deciden atravesar  sin bajarse del puente. Y poco después se repite esto mismo, pero con 2 puentes de gran altura uno al lado del otro. Otra vez algunos de los pacientes lo recorren desde lo alto, entre ellos la paciente que se cree Thatcher y el que se cree que el GPS le envía una voz divina.
Dejando atrás estos puentes, la paciente con tendencia a caerse, efectivamente se cae una vez más. De no ser así, no sería ella misma.
Los pacientes terminan su recorrido llegando a Viana do Castelo y tomándose unas cervezas después de dar muchas vueltas por la ciudad sin decidirse por un bar.
Parece ser que esta terapia senderista ha dado buenos resultados con la salud mental de los pacientes del hospital psiquiátrico Congostra, motivo por el cual se ha decidido programar nuevas salidas por el monte. Les mantendremos informados.

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CRÓNICA PATEADA 261


FARO DE VIGO 

SUCESOS 

El pasado día 23 de marzo, efectivos de la Guardia Civil detectaron la presencia de miembros de las organizaciones Congostra y Camiñantes, sospechosas de actividades de senderismo, en la localidad de Gaxate, lo que motivó el despliegue de un dispositivo de seguimiento, para averiguar a qué se dedican estas organizaciones en los montes.
Los agentes de la Benemérita desplegados para la vigilancia de estos sospechosos confirman que sobre las 10:10 de la mañana iniciaron una caminata de unas 45 personas. Entre ellas se advierte la presencia de un menor de edad, lo que confirma la sospecha de que los senderistas no respetan edades.
Al poco alcanzaron una casa azul, de la que una de las integrantes de la banda manifestó su intención de hacerse una casa parecida. Dejando atrás la susodicha casa, alcanzan las fervenza de Liñán, a partir de las cuales, se advierte un notable distanciamiento entre el personal allí congregado. Alguna congostreña novata llegó a preguntar “¿falta mucho?”. Después transitan por unas pasarelas de madera, tras lo cual, siguieron al lado del río Xesta.
Tras pasar por un puente de piedra lo bastante sólido para no caer bajo el peso de 45 sospechosos de senderismo, cogen un tramo de carretera y vuelven a adentrarse en el bosque, y al llegar a una pequeña capilla, deciden hacer un reagrupamiento, en vista de la dispersión ocasionada por el paso acelerado de unos, las fotos que hacen otros, la parsimonia de otros más y cierto personal, que tras desviarse para hacer sus necesidades, a la vuelta  ya no saben por dónde deben seguir.
A través de los dispositivos electrónicos de escucha de los cuerpos y fuerzas de seguridad, se pudieron detectar ciertos comentarios entre los congregados, referentes a personas a las que se llamó para acudir y que, al parecer, optaron por permanecer en la cama: “ya le vale, con lo bonito que está esto”. Otros comentarios hacían referencia a personas que, al parecer, tenían que trabajar: “vaya putada, tener que chollar hoy”. Algunos integrantes de dichas bandas de senderistas hacen fotos del paisaje con sus teléfonos y las envían a los que se llamó y no quisieron acudir, sin duda, con ánimo de fastidiar.
Más tarde, la concurrencia senderista hace una nueva parada de reagrupamiento, que aprovechan para tomarse un plátano, tumbarse a la bartola, echarse protección solar o simplemente descansar. Una congostreña le dice a otro congostreño: “antes non falabas nada e agora falas moito”. La congostreña novata anteriormente citada, ante la pregunta de: “¿Cómo vas?”, da por toda respuesta un resoplido. Cierto fotógrafo del grupo es increpado por una de las congregadas, tumbada a la bartola, que al día siguiente estaba de cumpleaños, al grito de: “a mín non me saques así, eh?”.
Siguiendo con su investigada travesía, los senderistas llegan hasta las inmediaciones de una tubería, probablemente una canalización de agua, que provoca en ellos algún comentario del tipo: “joder co tobogán dos nenos”.
Alcanzan a ver unas nuevas fervenzas, ante las cuales alguna integrante de las bandas senderistas, dicen que vecina de Pontevedra, se hace fotografiar pavoneándose cual estrella de cine. Y siguiendo con su recorrido, llegan hasta la fervenza de Liñares, donde la dificultad de tránsito ocasiona alguna situación de riesgo para estos presuntos senderistas. La vecina de Pontevedra, nuevamente se pavonea ante las cámaras de alguno de sus cofrades.
Más adelante, contemplan un bonito caballo blanco, cerca del cual se observa otro, de color marrón, que a juicio de una congostreña que siempre impone su verdad, “está tontorrón”. Cabe destacar que el susodicho caballo parece tener 5 patas.
Pocos kilómetros después, comienzan a caminar por la sierra del Suído, espacio amplio y de bonitos colores. Se aprecia en el recorrido de estos sospechosos la presencia de huesos de ganado. Especulan los presuntos senderistas sobre si el ganado murió de muerte natural o los mataron los lobos.
Kilómetros después llegan a un espacio conocido como Foxo do lobo, construcción en piedra con la cual, antiguamente, se acosaba a los lobos, haciéndolos llegar a un lugar hondo y cerrado, donde se les daba muerte. Un cabecilla de estas bandas, se sube a lo alto de estos muros, desde donde intenta telefonear a otro cabecilla ausente, pero no hay cobertura.
Poco antes de llegar a la parroquia de Pigarzos, hacen una nueva parada de reagrupamiento. La congostreña novata se sienta en el suelo con expresión elocuente, que oscila entre el cansancio y el cabreo por lo que considera en su fuero interno un exceso de kilometraje.
Se establece una parada para comer junto al río en la carballeira dos Prados. La congostreña novata y su señora madre se sientan en el suelo, no se sabe si por no encontrar sitio en las mesas o por un cansancio que no podían con el alma. Un congostreño ejerce de fotógrafo de todos los asistentes, pero sin previo aviso, motivo por el cual, algunos participantes quedan retratados en posiciones poco decorosas. Una congostreña se baña antes de comer. Uno de los cabecillas también se baña, pero literalmente en pelotas, ante la mirada de desaprobación de su señora, que comenta: “e aínda pensa que ten bo tipo”. Tras finalizar la comida, se hacen una foto de grupo en un puente de madera, poniendo a prueba su resistencia. Y para marcharse del lugar, no tienen más remedio que cruzar el río por el lugar menos profundo, lo que provoca que la mayoría del personal se descalce. El comentario generalizado que se escucha en el lugar es: “joder, que fría”, “se me quedan los pies tiesos”.
Tiempo después llegan a un lugar denominado Portomariño, donde visitan unas casas restauradas que se alquilan por días. Aprovechan para aprovisionarse de agua de manantial. La congostreña novata y su señora madre no suben a verlas, ya no quedan demasiadas fuerzas: “¿para qué vamos a subir?”. En la bajada, alguno de los participantes se esconde detrás de una máquina intentando asustar al resto de participantes, gruñendo cual jabalí. La congostreña novata resulta efectivamente asustada.
Al salir del lugar, retornan a la margen de un río y al llegar a la carretera, un congostreño pregunta a otro cómo se llama el río. “A ver, que lo veo en el teléfono”, pero no hay mucha cobertura, la información no termina de aparecer en pantalla. Y al darse media vuelta, este par de congostreños contemplan ante sí un poste de madera con la indicación “Val do río Xesta”.
Y siguiendo caminando, los investigados senderistas llegan al pueblo de Xesta. Allí aprecian unas casas de tamaño XXL, todas de piedra, con grandes fincas, algunas hasta con caballos, portales ostentosos y todo tipo de lujos. Incluso reparan en que la iglesia tiene alarma y otra en el campanario, para evitar que les sustraigan las susodichas. El tamaño de los nichos de los muertos está en consonancia con el del tamaño de las casas de los vivos. “Carallo, quen tivera cartos” se oye entre la concurrencia.
Saliendo de este pueblo de pobres, se distingue al lado de la carretera una extensión de finca rústica quemada. Algún congostreño opina que: “o churrasco escapóuselle das mans”.
Serían las 5:05 de la tarde, cuando se advierte por la Guardia Civil la llegada de un congostreño de mochila roja efusivamente recibido por el resto de participantes. “Macho, ¿onde te meteches?” le dicen la mayoría de ellos.
Una vez integrado en el grupo este congostreño tardón, recorren un paisaje al lado del río, con hojarasca en el suelo y penedos de considerable tamaño. Aprecian la presencia de un perro grande con un cencerro igualmente grande, que los va siguiendo durante un buen trecho. En un momento dado, una congostreña que sostiene que no hay casualidades, se da cuenta que ha perdido de vista al resto de sus compañeros tanto delante como detrás, y le dice a su sufrido acompañante lo mismo que se dicen los matrimonios cuando están a punto de divorciarse: “¿en qué momento del camino nos hemos separado?”
El recorrido finaliza con un paisaje de piedra con musgo y  hojas en el suelo, que finalmente les conduce hasta sus coches. La congostreña novata y su señora madre, que se plantaron antes de finalizar este recorrido de 27 kilómetros, tienen que ser recogidas por el coche escoba del grupo, que según sus ocupantes, tardaron en encontrar porque estaban “moi lonxe”.
El informe de la Guardia Civil finaliza diciendo que las actividades campestres de Congostra y Camiñantes no constituyen peligro para el medio ambiente; motivo por el cual, el dispositivo de seguimiento ha quedado desactivado, estableciéndose la posibilidad de que la Guardia Civil participe en las actividades de dichos grupos en su día libre.


Esta crónica ha llegado a poder de Congostra sin que sepamos quien es su autor, sospechamos que es un  periodista camuflado  de senderista dentro de Congostra.


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CRÓNICA RUTA 260

Producciones cinematográficas Congostra presenta:

MENOS MAL QUE NOS QUEDA PORTUGAL

Argumento: Un grupo de senderistas, que para evitar ser reconocidos se hacen llamar Congostra (como si fuesen un grupo de rock), deciden irse de caminata a Chaviâo, en Portugal.

Llegan sobre las 10 de la mañana al punto de encuentro. La primera escena es de película de acción. Aún no había empezado la caminata cuando de repente, una congostreña flacuchenta ataca vilmente y por la espalda a un congostreño camuflado. Forcejeos, agarrones, momentos de tensión. La flacuchenta queda cabeza abajo en posición vertical sin que se vea claro cómo rematará semejante esperpento. Finalmente, la flacuchenta logra escabullirse, mientras que el congostreño camuflado jura que la venganza será terrible.

A eso de las 10:15 empiezan a caminar. Comienzan atravesando un grupo de casas, tras lo cual dan con unos charcos de notable tamaño, que pondrán a prueba el Goretex de sus botas. Más tarde, llegan a Gaviaês, después de que un congostreño tuviese que abrir una verja que cerraba el paso del ganado. ¿pastoreaba este congostreño a su particular rebaño? El paisaje que se admira es a base de parcelas escalonadas, muy verdes, de bonita impresión visual.

Llegados a este punto, los protagonistas se pasean en fila india por un caminito que resulta no dar a ninguna parte. El guía que los conduce se hace la picha un lío con el GPS y finalmente acaban dando vuelta por otro sitio. Allí contemplan un grupo de ovejas y la única que bala resulta ser una oveja negra, que está apartada del grupo, como suele pasar con todo tipo de ovejas negras en la vida. Alguno del grupo dice que a este paso se les va a hacer de noche, a lo que una congostreña que siempre impone su verdad le responde: “No me seas nube negra”.

En la escena siguiente de la película, los protagonistas llegan a Sovilao da Seara, donde hacen una pequeña parada en un cruce con parada de autobús, donde un par de congostreñas radicales se ponen en sujetador. Por lo visto nadie les ha explicado que Portugal sigue siendo un país de fuerte raíz católica y que los vecinos pueden sentirse “moito chocado” o sea, muy escandalizados. Pero a ellas les da igual, porque, según parece, son heavys.

Posteriormente, los congostreños llegan a Venzemal, que no debe confundirse con el delantero del Real Madrid. Y más adelante, llegan a otro pueblo llamado Vilares, con una pequeña iglesia al lado de la cual hay una mesa de piedra y un pequeño muro, donde los protagonistas se sientan a merendar. Un congostreño irreverente toca la campana de la iglesia y se da a la fuga con una sonrisa siniestra. Otra de las congostreñas radicales vuelve a ponerse en sujetador.

Más adelante en su caminata, los congostreños llegan hasta un grupo de árboles en círculo, todos muy juntos, que es, según dicen, un lugar de oración. Entran todos los congostreños dentro del círculo y uno de ellos, al parecer, un místico, les explica que cierren los ojos y piensen en cosas místicas. Todos los congostreños cierran los ojos, menos una de las congostreñas, que encima se ríe. Tras unos segundos en los que no se sabe en qué estarían pensando con los ojos cerrados, uno del grupo le espeta al místico: “Me parece que solo ti tes os ollos pechados”. Y así, roto de manera tan prosaica el encanto, los congostreños siguen con la caminata.

Tras esto, el grupo llega hasta las inmediaciones de una vaca con una cornamenta que suscita todo tipo de comentarios entre la congostrada. Y siguiendo el camino, encuentran en el hueco de un árbol a un maniquí con forma de mujer que simula querer salir del árbol. Muy raro, o como dirían allí “muito esquisito”.

Y entonces se produce un nuevo ataque de la congostreña flacuchenta, esta vez repelido por la sufrida víctima, el congostreño camuflado. Se desconoce el motivo de esa fijación de la flacuchenta con el congostreño camuflado. Se especula con varias teorías: ella tuvo una infancia en la que la golpeó un militar y ahora se venga con este congostreño; otra según la cual ella no está vacunada contra la rabia; e incluso hay otra más que dice que confunde al congostreño camuflado con un antiguo novio que la mandó al carallo. Sea como fuese, a la flacuchenta se la ve bastante perjudicada de la cabeza, sin que el mártir de su marido consiga hacer nada al respecto.

Subiendo una pendiente, un congostreño refunfuñón, contrariado por tener que subir la cuesta, murmura: “somos senderistas, no montañistas”. Pero sube la cuesta, porque lo que no puede ser, no puede ser y además, es imposible.

Avanzando por el bosque, llega la hora de comer. Resulta ser un momento surrealista. Las dos congostreñas radicales vuelven a ponerse en sujetador. Después del día internacional de la mujer trabajadora  ¿sería ese día el de la mujer en sujetador? Añádase a esto, que, tras la cuchipanda campestre, un congostreño vestido como si fuese a hacer barranquismo, se tumba a la bartola y se pone a fumar. Debe ser para abrir los pulmones. Posteriormente, llega una mujer del grupo repartiendo unos suculentos bollos por doquier. 

Prosiguen la caminata estos personajes, pero con alguna dificultad en las piernas, por tener que hacer la digestión de los bollos, chocolates, etc, durante una subida.  

 El guía,  que va a acompañado de otro   que echa humo en la subida,   y que han dejando al  resto del grupo retrasados, l legan a Corno do Bico, donde contemplan una especie de puesto de vigilancia forestal en ruinas y un mirador.  Alli  se en encuentran  2 senderistas, que creen que son portugueses,  y  les  saluda a lo lejos con un "bon día" y oyen por lo bajo,  "ah son portugueses" . Cual es la sorpresa al acercarse de que  es una antigua senderista que comenzó sus andanzas con ellos hace mas de 10 años y que va  acompañada por otro senderista de club reconocido de Vigo y conocido de pateador humeante. El resto del grupo va llegando, algunos suben hasta lo alto del puesto como si esperasen encontrar allí un billete de 500 euros, pero se tienen que conformar con hacerse una foto en la escalera. Luego llegan a un mirador y 3 de los congostreños se desmarcan del grupo para ir a mirar desde unos penedos avanzados.

Siguiendo con la aventura, llegan a Lameiro das Cebolas, en donde se paran, sentándose en el suelo tras una empinada bajada que incluye resbalones. Llegan hasta un gran estanque con un puente que lo cruza por un lado, y al poco vuelven a encontrarse con unas vacas de cornamenta impresionante. Los comentarios no se hacen esperar: “uns cornos coma os que poñen as mulleres”.

Y llegan las 6:30 de la tarde cuando los congostreños alcanzan sus coches. Otra vez las mismas dos en sujetador. Un congostreño sin pelo también se apunta a esta moda y  se despelota de cintura para arriba. Uno incluso se cambia de calzoncillos. El congostreño camuflado le hace estiramientos a la flacuchenta, en lugar de aprovechar la situación para acabar con ella definitivamente. Non se pode ser vos, rapaciño.

Se van al pueblo cercano a tomar las cervezas que les pide el cuerpo, acompañadas de unas bicas y hojaldres. De nada les han servido las calorías quemadas en la caminata, porque ya las han recuperado en pocos minutos.

MENOS MAL QUE NOS QUEDA PORTUGAL es una película que nos muestra las contradicciones de unos senderistas que no saben por donde andan, ni por qué se pelean unos con otras, ni por qué enseñan tanto el sujetador  ni para qué queman calorías si las recuperan al instante. En resumen, la sociedad moderna que no sabe lo que hace. Esta película ha recibido dos premios Óscar: mejor actor, para señor del GPS, por su papel de guía dubitativo, que tan pronto va para delante como para atrás, tan pronto hacia la derecha como dando media vuelta y yendo  a la izquierda; y el de mejor vestuario, para el personaje camuflado, por su ropa militar.

CONTINUARÁ.......

Esta crónica ha llegado a poder de Congostra, sin saber su autoría, sospechamos de algún periodista camuflado de senderista,