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CRÓNICA PATEADA 217



Corno do Bico - Paredes de Coura (Portugal) – 14/01/2017
Llegamos a Vascões sobre las nueve y media. El pueblo estaba recién ventilado y hacía algo de fresquito: dos grados bajo cero. La gente parecía contenta, no dejaba de aplaudir y patear el suelo. Eso o estaban exterminando una plaga de hormigas a pisotones.

Abrigados como osos polares, salimos en busca “do Corno do Bico”, a una altitud de 883 metros. Comenzamos por una carretera asfaltada poco transitada. Un congostreño veterano, decidió que tomaría el camino original, que consistía en subir un pequeño muro y atravesar una finca recién quemada y cubierta de escarcha. Los demás continuaron por el asfalto unos metros más hasta el cruce. Este desapego de grupo, sentaría precedente en toda la pateada.

Son innumerables los caminos posibles para llegar “o Corno do Bico” y creo que los recorrimos todos…

Existen en la zona una serie de miradores, de los que se puede observar un panorama amplio: o Cotão, la Laguna de Cima, el Gran macizo de la Sierra de Soajo y la Peneda, más abajo el valle de Lima. Las sierras del Gerês y Cabreira. Finalmente podemos ver la Sierra de Arga y a lo lejos, el mar.

La zona está repartida por “Trilhos do Sistema Solar” el primero que nos encontramos fue Urano. Detrás se encontraba con un tupido bosque de robles que fuimos atravesando por el sendero endurecido por las bajas temperaturas. Este camino nos llevó al refugio del guardabosques que permanecía cerrado. Se trata de una casita blanca que destaca en un claro entre los árboles. En la misma zona, había dos construcciones de piedra un poco perjudicadas. Una de ellas era un asador al que sólo le faltaba la mercancía para disfrutar de una merendola.

Lo más destacado estaba casi escondido: consiste de una estancia a las orillas del camino en forma de planta circular de unos dos metros de diámetro, como paredes, plantaron árboles a corta distancia, consiguiendo un túnel vertical de gran altura hacia el más allá. Alguien contó que había una creencia en el lugar sobre esta atípica construcción: Estaba destinada a aportar fertilidad a las mujeres que deseasen ser madres. También se extendía a cualquier otro deseo que se pidiese con devoción.

Desde la antigüedad se ha dicho que Dios es un círculo, cuyo centro está en todas partes, considerándolo como la figura geométrica perfecta. Así, el círculo siempre ha representado conceptos en torno a lo sagrado y lo divino. Se dice que del círculo han salido el compromiso manifestado en las alianzas matrimoniales.
El más experto y devoto del grupo, pidió que entrasen los que quisiesen experimentar las vivencias de aquellos tiempos en los que funcionaba esta particular fábrica de deseos.

Tenéis que arrimaros de espaldas a los árboles, dijo, y ver hacia arriba, con los ojos cerrados concentrándose en pedir el deseo, entrareis como en trance y el deseo se cumplirá. (Dada la edad de las participantes, no sería un deseo cumplido, sería un milagro).

Una voz en off comento: no olvidéis cerrar los ojos y abrir las piernas, sino lo de ser madres es más difícil. Se desatan unas risitas y el guía al ver la falta de fe, rompe el estado de trance y todos salen a tropel.

Seguimos sendero abajo sorteando cancillas en el camino para evitar que pasasen los animales. El sendero continuaba entre bosques de robles deshojados con sus troncos vestidos de verde musgo. El frío no nos dejaba, aunque nos compensaba el sol con algún rayo de vez en cuando. Estábamos pensando si Portugal estaría deshabitado, si los alienígenas se llevarían todo ser vivo para su estudio, cuando nos encontramos con una atónita vaca, que con desgana levantó la mirada. Seguro que se preguntaba: “¿Que farão estes bichos por aquí com o frio que faz hoje?”. Tendría que pensar en portugués porque es una vaca portuguesa, ¿no?
Para entablar confianza, un congostreño con el mismo gusto que los toros, se acercó y le ofreció frutos secos. La vaca en un principio estaba recelosa, pero pronto aceptó la comida. Desde lejos no se oía lo que hablaban, a juzgar por la cara de alegría del congostreño, se dieron el Facebook y quedaron.
La dirección era un mirador o el parque de meriendas. No conseguimos llegar a ninguno, ya eran las doce y algún roñoso reclamaba parada para el plátano, así que en cuanto encontramos una calva con sol, (sin vegetación, se entiende) nos asentamos, y a papar.

Los senderos estaban bien marcados con letreros que indicaban los distintos “trilhos” o caminos, pero ocurre como con las rotondas cuando vas en coche en una ciudad desconocida: tienen muchas salidas, pero ¿cómo sabes cuál es la buena? Muchos letreros decían “Corno do Bico”. Cuernos había pero los tenían puestos las vacas, y “bicos” sólo teníamos los morros de las mismas vacas…

El guía optó por tirar para abajo. Después de unos kilómetros, al llegar a un cruce, alguien dijo: ¡Cómo me suena este sitio!, fuimos a parar al mismo cruce del que ya habíamos partido, pero del cuerno, ni la sombra. Volvimos a intentarlo por el “Trilho dos Miradouros” con igual suerte. Hicimos una visita “O Lameiro das Cebolas”, un lugar explotado hace mucho tiempo para la creación de turba, un sucedáneo del carbón. Atravesamos un puente de madera y subimos por un cortafuegos hasta un mirador, digo que lo sería porque desde allí se miraban cosas, y también sería un “sentidor”, porque se sentía un aire frío de lo lindo. Bajamos por el sendero que parecía más probable durante unos metros. Nos topamos con que era un sendero de tractores para limpiar la maleza, pero no tenía salida. Nos faltaba uno que se había quedado a contribuir con la reforestación, plantando un pino. ¿Cómo sabemos dónde está? Preguntó alguien. Con este frío, si buscas dónde sale humo, allí estará. Y estaba.

Volvemos a subir lo bajado y cambiar la dirección hasta el puente de madera. Unos opinaban que habría que bajar por el caminito antes del puente, otros decían que por el de después, lo que provocó una división del grupo. Llegamos a una especie de lago. Ya calentaba el sol, así que esperamos a los desafortunados y continuamos camino. Pasados unos montículos de madera situados a los lados del camino, había un letrero que decía: “MIRADOIRO>”

Una plataforma de hierro galvanizado, nos dio una pista. Un letrero en esta plataforma nos confirmaba que era un mirador. Aquí mismo nos hicimos una foto de grupo con un peinado de pelo al viento.

Tras unos kilómetros volvimos a un cruce conocido, ¡cómo  me suena este cruce! Dijo una voz con tono de sorna, el camino que ya podría llamarse “pañuelo” dado que le sonaba a todo el mundo. Damos unos pasitos más, y sobre las dos, en una zona soleada, decidimos comer el bocata. El gran compañerismo hizo que el dueño de una lata de sardinas, las repartiese según el gusto fuese cabeza o colita. El frío agarrotaba la mente y contestaban risitas nerviosas al ofrecimiento.

Luego en un nuevo intento, nos topamos con un faro atómico. Estaba en un estado deplorable, no tenía ni un cristal entero. Entre el faro y el mirador, había un merendero que cruzamos pero ya no lo usamos. Antes de entrar en el mirador, encontramos unos escaladores portugueses que hacían prácticas en una roca. No sé si querían subirla o comérsela, insistían en echarse harina en las manos y pringar la roca subiendo. Nosotros pasamos al mirador e hicimos fotos. El frío viento nos larga rápido.

El caminito nos volvió a llevar al centro de fertilidad y a la casita del guardia forestal. Un congostreño reclamó el churrasco depositado en el horno pero se lo había comino el dios de la fertilidad. Puñetero.

Volvemos al sendero entre el bosque de robles. El suelo está totalmente alfombrado de hojas secas que ocultan el camino, así que los recorrimos todos. ¿Es por aquí? Preguntaba un congostreño adelantado. ¿Está pisado? Le contestan con otra pregunta. Si no lo está hay que ir por ahí.

Había congostreños adelantados, entre ellos una primeriza, que al decirle que había que retroceder la cuesta y cambiar el camino dice bajito: “si esta pateada es fácil, preferiría venir a una más difícil”.

Finalmente, tomamos el único camino que había sin pisar. Bajamos y bajamos pero el camino se perdía entre matojos y alambradas. De repente varios congostreños se vuelven guías y oteadores de caminos. ¡Por aquí parece que hay camino! Todos en tropel hacia allí. ¡Por ahí no, allí se ve camino! Dice otro, el tropel cambia de dirección… Así, se volvió a dividir el grupo. Dos atravesaron los campos de labradío y el resto volvieron al camino “pañuelo” que a todos les suena. Llegamos a los coches sobre las cinco.

Las cañas y los cafés, se tomaron en un bar de Paredes de Coura, creo. El camarero se vio abrumado cuando entramos todos en tropel. Había un espacio tipo reservado donde estaba una pobre clienta merendando, como se vio acorralada, que se vio obligada a tomarlo a todo trapo y abandonar la mesa. Algunos pidieron “cerveja preta sin alcohol” con un dominio del idioma que da cruzar la frontera a menudo. Dos congostreñas, que no frecuentan el país, también piden cerveza. El camarero pregunta: ¿preta?. No sé, la de siempre. Yo que sé si tienen que apretarla o no, yo la quiero de botella. Una vez retirado el camarero, preguntan, ¿qué es eso de preta?, negra, le contestan. ¡Ah! dice, yo creía que la apretaban para quitarle el alcohol…

Después de los abrazos, besos y despedidas…
Desde aquí… cada mochuelo a su olivo,
¡Hasta la próxima! Agur…

CRÓNICA PATEADA 216



Fin de semana en O Courel





Al final, unos por las condiciones de la ruta, otros por motivos personales, quedamos solo 8 para tan gran acontecimiento.

Llegamos el viernes  todos juntos, sincronizados  telepáticamente,  al albergue de Folgoso.  Ya nos esperaba Marta que nos había encendido la chimenea.

Una vez acomodados,  el cabo furriel, que se estrenaba en el cargo,  se acuerda de que ha dejado la mantequilla y la leche a enfriar en  casa.  Rápidamente nos acercamos al  “Mercadona” de Folgoso y aunque   ya está cerrado tienen la deferencia de atender tan importante pedido. Aunque no es muy grande,  tienen,  como en varios puntos de la Galicia rural, de todo : conservas, bebidas, fertilizantes, semillas,  botas de agua, cosas muy necesarias …

Una vez solucionado el tema de intendencia  tomamos unas cervezas en el mesón “El Balcón” ya conocido de otras ocasiones. Las tapas son abundantes, aunque aprovechan para liquidar existencias perecederas y ya resecas.  La camarera  “o pair” del  mesón,  al  darle las gracias el congostreño  pesado con el  “obrigao”,   le contesta  un  poco molesta : “ no soy portuguesa, soy francesa “.

Después de la cena se organiza la famosa partida de “cabrón”,  en la que tanto empeño  ponen  algunos en destacar  y que provoca tanta euforia colectiva. La tienen que rematar antes de tiempo  al salir el coche seguridad a la pista.


Sábado día 17 : 
A las  07: 30 suena el gallo kiriko congostreño que nos acompaña a casi todas nuestras rutas de fin de semana.

El día amanece con niebla pero las estrellas brillan por encima de la  niebla. Durante la noche ha hecho frío y la lluvia del día anterior promete un bello paisaje.

Comenzamos la ruta  acompañados de 2 congostreños mas, que afortunadamente se ha unido a nosotros y que desempeñaran  un importante papel.  Conocen a Orlando y a Guillermo,  defensores a ultranza de esta  mágica tierra.  Empezamos enfrente de la vivienda del autor de la ruta,  Orlando, al que saludamos .   En este mismo lugar se  avisa de lo peligroso de la ruta.

Una congostreña parece ser que a pesar de tanto despliegue informativo  nuestro ha caído en el síndrome de la saturación  informativa, por exceso de mensajes  no se ha enterado  del nivel de exigencia de la misma. No obstante,  no se arruga,  de momento ….

La ruta transcurre inicialmente por un bello trazado, pero una vez superado el pueblo Ferreirós de Arriba sube a lo bruto, solo cuando encuentra un obstáculo se desvía de la línea recta que parece querer  trazar. El último tramo es complicado y realmente es donde radica el peligro de la ruta. Además  hay nieve y esto  añade  más dificultad. Aquí  hay que moverse con seguridad y con los todos los sentidos,  el vértice  rocoso está con nieve y además sopla viento con bastante fuerza. 

Nuestra congostreña desinformada  en este tramo  queda bloqueada sin que el que va detrás la pueda ayudar , pues no hay espacio para dos. Afortunadamente nuestro   “Coloso Montesino”,  siempre atento par a ayudar a los demás,   se da cuenta de la situación  y baja rápidamente para ayudarla a librar dicho paso tan peligroso.

Una vez alcanzado el mirador del monte dos Bois ( ¿Penaboa?) se aprovecha para recuperar fuerzas , y dejar un recuerdo fugaz de nuestro paso, un congostriño de nieve.

Seguimos cresteando, la nieve nos impide avanzar a la velocidad de crucero prevista. Nos encontramos  una perra cazadora perdida en la nieve que adoptamos temporalmente. Nos acompañará hasta el término de la ruta. La dejamos en Ferreirós de Abaixo.

Como el tiempo   es muy justo , dejamos la ruta prevista e improvisamos otra y nueva, no subimos al Formigueiros y bajamos hasta la “Fonte do Cervo”. Seguimos  hasta el mirador  de Polín, ya dentro de la ruta prevista inicialmente. 

Desde allí, camino de Ferreirós de Arriba, es cuando nuestro guía , en contacto con Orlando,  introduce una variante que apenas es conocida. Una bajada “especial” que nos comunicará directamente con Ferreirós de Abaixo sin necesidad de ir por pistas hasta Ferreirós de Arriba. Una gozada,  un tramo bellísimo que enlaza con el camino real que une Ferreirós de Abaixo con Seoane. Solo que algunos pasos son técnicos  y nuestra congostreña  con miedo  a las rutas aéreas debió maldecir. En menos de lo que canta un gallo se produce  una metamorfosis y se convirtió en la “mujer lapa “ pasando con la misma rapidez a  la “mujer reptil”,  no había forma de hacerla soltar las manos de  las rocas  ni que levanta un poco las posaderas del  suelo. Sus pantalones dan muestra de ello.  Gracias a la gran ayuda física y psicológica de nuestro guía que la llevó de palmitas consiguió superar la prueba.

Cenamos en Paderne, dándonos un homenaje a las alturas de tan importante ruta. Embutido variado, caldo, jabalí con castañas, postres, café y de regalo unos chupitos anti “esponjillas”, parece ser que eran para evitar aumentar el índice alcohólico de los comensales.

Esta noche no hay partida, todos andan cansados, hasta el gallo kiriko, que se  ve sorprendido por una  congostreña  ansiosa por levantarse  y  que  nos roba 2 minutos de plácido descanso.. 


Domingo  18 :

El domingo amanece con buen tiempo, aunque más frío,  apenas queda huella de la nieve, solo en las partes altas de las montañas.

En el pequeño bosque que  crece  alrededor del  regato de “ A Rogueira”, último reducto de los importantes bosques que cubrieron gran parte de Galicia,   de  gran biodiversidad  botánica :  hayas, abedules, tejos, serbal del cazador,  acebos, avellanos, robles, encinas, quejigos, fresnos, castaños,  y variedad de plantas,   como arándanos, orquídeas, menta, tomillo,   etc,  fruto de la confluencia de climas,  la eurosiberiana atlántica y la mediterránea, viven gran variedad de animales : zorros, corzos,  lobos,  jabalíes, ginetas, tejones, liebres, conejos, ardillas, martas, armiños, perdices y búhos,  etc. . En esta selva de árboles y arbustos tienen su refugio y medio de vida.

 Hoy sin embargo su  tranquilidad se ha visto quebrantada por los  alborozos de   12 visitantes , los 8 congostreños  y 4 nuevos venidos de las tierras de Lucus Augusti, que  penetran dentro del bosque realizando una disección del mismo, de norte a sur, hasta la “fonte do Cervo”.  No logran encontrar rastro de tan variada fauna, solo las marcas de algún corzo que el frío de la noche ha dejado grabado en la nieve, así como la de algún canino ( perro o lobo ¿) que debió seguir su rastro.

 Una vez llegado hasta el punto del día anterior realizan una disección lateral de la “Devesa”  que tantas veces se ha recorrido y no por ello no dejan de sorprender. Los restos de nieve hacen resaltar los frutos rojos de los serbales  desnudos de hojas. Uno de los congostreños no deja de repetir  el valor de dicho bosque, así de llamar la atención de una congostreña que no había visitado el bosque . 

Bajan desde alto del Couto hacia la aldea abandonada de Moreda  Mayor terminando lo que parece ser un circo romano, contemplando toda la extensión del bosque, apena s 200 hectáreas,  pero de incalculable valor ecológico. Sería una pena que los esfuerzos de los defensores  de estas  tierras  que luchan contra el intento de aprovechamiento irracional del Caurel   quedara en nada.

Para rematar la mañana se acercan hasta Seoane  para comer algo. En el establecimiento  que han encargado los bocatas,  la cocinera,  que no suele tener tanta avalancha de clientes  hambrientos y sedientos,  se lo toma con calma y se encierra en la cocina, mientras un señor en la barra saborea un cubata.

Va  trayendo los enormes bocadillos uno a uno y es necesario que cuando ya va por el quinto bocata,  un congostreño  sediento,  se acerque hasta la cocina y le reclame la bebida. Otro más precavido ha ido al coche a buscar la que traía él. Entonces la cocinera,  mujer de carácter,  llama al del cubata, que es su marido y lo pone a currar, este va poniendo las cervezas que le pedimos de forma fácil :  una con gaseosa, otra con poca gaseosa, otra con más cerveza que gaseosa, otra de botella, mejor si es 1900, a mí una caña,  .. chupao  para el camarero. La  mujer, como  sabe quien tiene en casa,  rápidamente sale a tomar nota bajo la excusa de que su marido no se acuerda después de lo que puso.  

Después de saborear y dar cuenta de los bocadillos. Aprovechan para acabar con las existencias de miel. A la pregunta de un congostreño  por saber  de qué  es la miel, la cocinera le responde  “ de abejas " , al intentar saber de que tipo de flor, ella responde que de todas.

Se despiden animosamente.  El fin de semana ha sido grandioso. El tiempo y el paisaje ha inundado de buenas vibraciones al grupo.






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Pateada 216


ACLARAR QUE LA RUTA DEL SÁBADO TIENE LA POSIBILIDAD DE ACORTARSE PARA AQUELLOS QUE SE PUEDAN ENCONTRAR CON POCAS FUERZAS PARA COMPLETARLA.
 LLEGADO A LA CAMPA DA LUCENZA, EN VEZ DE SEGUIR HASTA FORMIGUEIROS SE PUEDE BAJAR HASTA EL MIRADOR DE POLÍN Y DESDE ALLÍ VOLVER EN DIRECCION FERREIRÓS DE ARRIBA.

CRÓNICA PATEADA 215

Bueu – 03/12/2016
Nos reunimos en  el recinto de festejos delante de la Iglesia de Cela. Poco antes de las diez, comenzamos diecisiete pateantes y el de las chanclas, que no sé si cuenta como senderista.

Comenzamos atravesando el pueblo por una serie de cuestecitas asfaltadas, subiendo y bajando. En este lugar, es casi imposible encontrar una carretera nivelada. Este desnivel favorece que casi todas las casas gocen de una claridad y unas vistas de la ría, que no interrumpen las viviendas de los vecinos.

Llegados a un punto, el guía nos para para que disfrutemos de las maravillosas vistas de la ría. Mientras estábamos parados intentando identificar todo lo que se podía divisar a lo lejos, una congostreña imitó el sonido del burro. Dice que lo hace porque es una “rebuznancia” que Bea vea las vistas.

Pocos vecinos se divisaban, y los que se veían estaban a su bola, como tristes. ¿No sería porque les han puesto a la entrada y salida un letrero que pone “A PENA” y lo llevan interiorizado?

Ascendemos por un descuidado camino  entre las lindes de los muros de dos vecinos. Nos adentramos en zona alterna entre tierras de cultivo y bosque de pinos, robles y otros. Al ver el primer camino embarrado, a la mayoría les vino un congostreño a la cabeza. “a ver cómo te apañas, pensaban”. Se apañó sin problemas. El camino continuaba por zonas de vegetación tupida, pero despejado. Dicen que hay un grupo que lo utiliza para senderos de bici y lo tienen muy cuidado.

Sobre las once, nos encontramos una casa ecológica en medio de la nada, entre árboles,  a pocos metros de una carretera poco frecuentada, que atravesaba el bosque en dirección a Ermelo, creo. Después de cruzar esta carretera, los ciclistas se olvidaron de nosotros. El camino ya no estaba tan limpio. Subimos un sendero entre árboles, para luego bajar por una zona a la que le habían cortado los árboles recientemente, dejándola hecha una pena. Luego volvimos al bosque encantado, bueno, encantado estaba yo, de ver esos caminos de toda la vida que cruzan todo el bosque sin desentonar con el paisaje.

Llegados a un camino sobre las once y media, el guía dio síntomas de estar buscando algo. Alguien le comentó no sé qué, entonces el guía parece que se picó y nos condujo por entre la maleza, lo que en Congostra conocemos como “el camino del jabalí”. No se va a picar hombre, si va provocando, mira que salir al monte con pantalones cortos… cualquier ortiga o tojo que se precie, tienen que hacer su trabajo. No sólo se había picado él, algunos también sufrimos la ira de los tojos.

Este improvisado sendero sobre hojas secas y helechos marchitos, nos llevó a un camino marcado como tal. El vigilante del horario de comidas reclama que ya son horas, y la zona se prestaba, así que allí mismo tomamos el plátano. No todo el mundo respeta la tradición y sacan otras exquisiteces impropias de montañeros. No es de extrañar que ni puedan protestar cuando se continúa la marcha, sólo pueden emitir sonidos guturales como hmm, hmm, y des pues de tragar… ¿yaa? Daban las once y media en el campanario más próximo, cuando levantamos el petate para continuar. Media hora más tarde, estábamos cruzando el Río Bouzós y adentrándonos en un bosque de robles casi deshojados para que  finalmente  llegásemos a Ermelo. Allí, visitamos la iglesia. Un congostreño que colecciona sonidos de campanas, tiró de la cuerda para quedarse con otro más para su colección. Visitamos la Cruz de Ermelo desde aquí, pero dando un rodeo.

Subimos al monte de la Esculca en busca de la cruz. Le llaman esculca porque les servía de punto de vigilancia. Al ver desde lejos la cruz clavada en la piedra, lo primero que viene a la mente es “Escalibur”, la espada legendaria del Rey Arturo. Aquí, los caminantes re revolucionan y se mueven de un lado para otro. Alguien grita: ¡foto de grupo! Dos fotógrafos improvisados ponen temporizador a las cámaras y corren para situarse. A lo lejos llega corriendo un tardón que quería encajar en el grupo. Hubo que repetir por si acaso.

Aprovechando la aglomeración, un espontáneo nos cuenta que en un principio la cruz estaba destinada para albergar una luz y hacer de faro y como justificación muestra unos surcos a cada lado que se supone eran para pasar el cable. No sé cómo interpretarlo, pero esos surcos los tienen las espadas cristianas para dar salida a la sangre y dar una muerte rápida a cada embestida.

No tienen iniciativa, si lo que querían era dar luz, podrían negociar con Fenosa y si eso falla,  con los paritorios,  para que las embarazadas fueran a dar a luz allí. Algo es algo.

Volvemos al bosque por zonas libres de vegetación y alfombrado de hojas secas. Tuvimos que continuar por un camino repleto de vegetación. El camino paralelo estaba más transitable. Lelo no había venido, así que tomamos su camino el camino que nos llevó a un lugar diseñado como merendero, con mesas y bancos de piedra. No eran horas, apenas la una y media, así que allí se quedaron y seguimos por una pista claramente para ciclistas. Estos caminitos nos llevan a la Cruz de Paralaia. Corría un viento ya legendario en la zona. Las vistas, preciosas. Se toman fotos panorámicas y de postureo. Ya eran casi las dos y no parecía haber mejor sitio en el camino para zampar el bocata, así que nos repartimos por  una enorme roca en pendiente, imitando las gradas de un estadio o las butacas de un cine. Alguien dijo: ¡Aquí, en la fila cuarta tienes una butaca libre! El lugar estaba situado hacia el sur, al abrigo del viento.

Llevamos las botas otra vez al camino. Volvemos a los mismos bosques pero por otro camino. Más tarde supimos de la habilidad del guía para conseguir que en un bosque de poco más de un Kilómetro en diagonal, consiguiera tenernos entretenidos andando casi veinte kilómetros. Menuda empanada tenía el guía.

Al llegar al punto de salida nos tomamos las cañas en el Restaurante Iglexario, allí el guía nos trae la empanada de zamburiñas. La troceó en veinte cuadraditos de los que no quedaron ni las migas. La camarera, se sintió aludida y también trae raciones de empanada y tortilla. La tortilla, a pesar de no estar caliente, era mejor que la del guía, pero la empanada, ni la sombra.

Cuando entramos en el bar, no se oía ni el sonido de las moscas al volar. Es un bar de carácter íntimo, silencioso y acogedor. Después de entrar nosotros, tampoco se oían las moscas, ni la gente, ni la tele. Sólo se oían los gritos de reclamos de la cerveza y de alabanza la empanada mientras se masticaba.

Después de los abrazos, besos y despedidas…
Desde aquí… cada mochuelo a su olivo,
¡Hasta la próxima! Agur…