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CRÓNICA TIERRAS DE OSCOS

OSCOS (Martes 04/08/2020) Ruta  Seimeira - Busqueimado.

 Salimos tempranito para llegar a tiempo de comenzar la Ruta de Seimeira. Costó un poco encontrar la salida y dónde dejar los coches. Las calles son muy estrechas y no están diseñadas para recibir mucha gente.

 De camino al sendero, un blanco potrillo con la cara moteada de moscas nos observaba desde detrás de una alambrada. Ya en el sendero, nos topamos con un rótulo que describía una leyenda del lugar: Un criado tenía que avisar al cura que esperase a que llegase su señor para iniciar la misa, como el cura no le hizo caso, el señor mandó al criado que se cargase al cura o lo mataría a él. El criado mató al cura y lo condenaron a muerte, pero como no tenían verdugo lo desterraron. (Típico en los pueblos, quieren comer pollo pero no se atreven a matarlo). Este rótulo, se encontraba cerca de un cruce, dónde podríamos ir a Busqueimado o a Seimeira. Como el bus estaba chamuscado, nos dirigimos hacia la catarata de Seimeira.

 Tenía su encanto. Mucha gente estaba interesada en visitarla, nos cruzamos con varios grupos de curiosos por el camino. Luego seguimos para ver cómo estaba el “bus”, queimado, ya sé, pero fuimos a verlo igualmente. Quemados casi acabamos nosotros subiendo unas cuestecitas a pleno sol. Tomamos el plátano a la sombra de un frondoso tejo en la Capilla de San Pedro. Hicimos unas fotos para compararlas con las que habíamos sacado hace ya varios años en este mismo lugar.

 Retrocedimos hasta encontrar la bifurcación hacia el Caserío Viduedo. Estaba menos pisado y transcurría a la sombra de los tejos. Llegamos a un grupo de casitas, que no sé si se puede considerar pueblo. Tenían cerca del camino, un hórreo tipo asturiano decorado con aperos de labranza hechos de madera. Descendemos hasta cruzar la carretera y allí, en Casa Rodil, adquirimos unas cervecitas que saboreamos sentados en la hierba a la sombra de una casitacuyos muros estaban construidos con planchas de piedras de reducido tamaño. El bocata con cervecita fresca baja mejor.

 Volvimos al camino a través del monte soleado. Sobre las tres de la tarde, unos calurosos aprovecharon una poza del río para darse un chapuzón. Seguimos hacia un pueblecito llamado “As Casias”. Eran cuatro casitas. Se observaban grandes fincas segadas con la hierba empaquetada en bolas plastificadas.

 Otra vez en el río, nos encontramos con una prenda sucia y roñosa que hacía de puerta de cerrado del camino, como si se tratase de una cortina en el monte. El calor y la mala interpretación de las indicaciones, nos hacía pensar que cada vez estábamos más lejos en vez de ir acercándonos. Después de algunos metros por el ferviente asfalto, avistamos los coches. 

Una vez despojados de mochilas, nos dirigimos en coche hacia el centro para tomar las merecidas cervezas en Casa Diego. Se trata de un bar, no es que Diego nos invitase a unas sidrinas.

 Al terminar nos dirigimos a tomar posesión de las camas en Casa Horacio, en Ribeira de Piquín. Es un Hostal, no es que Horacio nos dejase dormir en su casa. La cena fue en Meira, a doce kilómetros de Ribera de Piquín, un acogedor restaurante llamado O Muiño nos preparó casi un reservado en su interior. Está situado a orillas de un río que nadie pensaría que es el Miño a juzgar por su aspecto. 

 

A Fonsagrada ( 05/08/2020 ) Pena Guímara - Sendeiro de Gallol.

 Dejamos los coches malamente, en un saliente de una desangelada carretera.

 Nada más empezar comenzamos subiendo unas crestas y volvimos a bajarlas por el lado contrario. Estamos sobre el Sendero de Pena Guimara. En un lugar dónde la sombra aliviaba el calor, un veterano congostreño se quita la gorra y la guarda en el bolsillo. Por alguna razón desconecta la neurona que registra este acto. ¡Esto le pasará factura!(con el veintiuno por ciento de IVA). 

 Continuamos bajando un buen trecho, cruzamos el Río Rodil y volvemos a subir. En un cruce, se plantea la duda de qué camino tomar. El sol calienta y el congostreño sin gorra se da cuenta de que la perdió.Avisa que regresa a buscarla. Uno espera y el resto caminan despacio.No encuentra la gorra en el supuesto lugar dónde podría haberle quedado. El instinto le hace repasar todas las posibilidades, entre las cuales estaba ver en el bolsillo. Aliviado sale corriendo. El sobreesfuerzo que realiza para retomar el grupo, le hace darse cuenta de que la neurona le había desconectado también la conexión a la conciencia de que los años no pasan en vano.

 Todos reunidos, comenzamos a zigzaguear una fuerte ascensión en una colina, a la sombra de los castaños.Llegamos a un ancho sendero en dirección a “Muiños de Porados”. Los molinos se encuentran en un estado bastante mejorable. En sus buenos momentos serían unas faraónicas construcciones de piedra fuente de riqueza. Se podía ver uno de los muros de un molino, arrancar varios metros desde lo más profundo de una cascada hasta el tejado. Otro molino, con más componentes de madera, colgaba a lo alto imitando las Casas Colgadas de Cuenca.

 Volvemos al sendero para dirigirnos a las corripas: Cercados de piedra de planta circular, donde se recogen los erizos de los castaños. También los llaman “ouriceiras”. No hay que confundirlos con “Sequeiras” que son construcciones más elaboradas para secar las castañas. 

 Seguimos subiendo a pleno sol, a la espera de que el pueblo que aparecía en el sendero, tuviese algo fresquito, aunque fuese cerveza. La tenían, pero se la habían bebido los habitantes de la única casa rehabilitada mientras disfrutaban de una sobremesa a la sombra del muro. Su primera intención, al ver a los dos primeros, era ofrecerles unas cervezas, pero al llegar todos se arrepienten y nos ofrecen agua fresquita de un grifo del vecino.

 Camino de “Ponte de Beltrán”, en un lugar que en otras condiciones no pararíamos, hicimos un sitio para sentarnos a la sombra y tomarnos el bocata. Con agua esta vez.

 Llevamos la mitad del primer sendero y vamos camino de “O Inferno”. Llegamos al puente, donde varios calurosos aprovechan el charco para refrescarse. Otros simulan una siesta. 

Volvemos al soleado camino ascendente. ¡Es que este sendero solo sube y baja como un tobogán! Era el pensamiento de la mayoría. Las piernas empezaban a negarse a seguir. Llegamos a un pueblo y un par de congostreños se adelantan hacia la fuente que indicaba un rótulo. Como ya faltaba poco, el guía congostreño había decidido ver el estado de otro sendero alternativo, a orillas de un río. Era más largo pero parecía interesante saber su estado.

 El inicio era cerca de la fuente. Pensaba pedir voluntarios, pero como vio que ya había dos adelantados, siguió detrás de ellos. El resto terminaría el sendero original. Los dos congostreños, que disfrutaban del agua fresquita de la fuente, ven llegar al guía. Supusieron que también vendría a beber. Al terminar, el guía les indica que seguirán otra dirección. No parecía mala idea, los demás estaban hacia arriba y este nuevo sendero bajaba. Eran las cinco y media y este caminito lindo tenía casi nueve  kilómetros de subidas y bajadas.

 Comenzaba en la Mina Romana de Vilardiaz y seguía descendiendo. En un pueblecito abandonado alguien toma una rosa para solicitar perdón a su dama por abandanarla. La conciencia no le deja tranquilo.

 El camino no mejora, también habían sembrado piedras de cantos afilados en algunos tramos para darle más gracia al camino. Subimos, subimos, subimos y bajamos. En algún momento de la ruta, una zona ascendente y soleada, le estaba pasando factura al de la gorra perdida. Sus piernas no respondían como era de esperar, y el cansancio se acumulaba. El guía, ajeno a estas cuestiones continúa a unos metros delante. Ninguno de los de la fuente sabía que era voluntario para esta aventura. - Voy a descansar un poco, grita una voz cansada. - Subid hasta aquí que corre brisita. Dice el de más adelante con intención de ayudar. - ¡Mete la brisita en los huevos! Responde el primero. tan irritado como cansado. Era evidente que aun cansado se preocupaba por que no cogiese salmonelosis y el fresquito le venía bien. ¡Qué ruta tan bonita! 

 La cena esta vez corría a cargo del Hotel Mirador de Barcia. Nada de otro mundo. Plato del día. La compañía muy buena. 

 

A Marronda -Alto Eo ( Jueves 06/08/2020 ) .

Salimos del Área Recreativa A Cortevella. Pronto pudimos ver una zona propicia para el baño. ¡Queda anotada para el regreso! Llegados a un desvío, el segundo del grupo, iba pendiente de las “minchas” y no vio la marca, por lo que se coló un buen tramo.  El  intento sería ir a “Fervenza Pozo da Ferrería” en el Río Eo, pero se abandona por la busqueda del escapado.  De regreso al grupo “la jefa” le riñe por despistado. Retrocedemos por el mismo sendero hasta la zona de baño anotada en la subida. De algún sitio apareció un running vasco. Se desviste, se lanza en bomba, pide que le quiten fotos haciendo posturitas, se viste y sale corriendo. Visto y no visto. 

Intentamos después recorrer el interior de A Marronda, el único bosque de hayas que queda en Galicia.  El camino estaba plagado de obstáculos provocados por árboles caídos que fuimos sorteando y bastante maleza,  ente ello abandonamos y vamos en coche hasta la parte superior.  Bajamos por una pista polvorienta y pedregosa hasta el comienzo de la fraga. Nos introducimos esta vez por un sendero mas definido y despejado y vamos hasta  una pequeña cascada,  pero estaba tan cascada que no llevaba agua. Volvemos por el camino  polvoriento y pedregoso que encima ahora es de subida.

 Comimos en un establecimiento en el nacimiento del Río Eo. Desde aquí, cada mochuelo a su olivo.

CRÓNICA RUTA A FRANQUEIRA

25/07/2020 -A Franqueira.

 

Salimos puntuales los trece pateantes y el lindo perritoCobi. Serían las nueve de la mañana cuando nos adentramos en un bucólico sendero apropiado para botas de invierno. No nos lo podíamos perder, este tipo de caminos son los que le dan esencia a las caminatas.

Desembarcamos en un sendero pedregoso y polvoriento que contrastaba con el anteriory nos llevaal punto de arranque de las Estaciones de la Cruz, también conocidas como La Vía Dolorosa (coincido a juzgar por lo que duelen las piernas al subir). También se conoce como El Viacrucis. Es una narración de las horas finales en la vida de Jesucristo en la tierra.

En este caso se debe tratar de una coincidencia, Jesús era el hijo del carpintero del pueblo cuyos vecinos “le tenían ganas”. A saber:

En un lugar llamado Coto Redondo, comienza la peregrinación en forma de zigzag ascendente y marcando las estaciones en cada zig y cada zag, como si fuesen bares. Sus rótulos eran planchas redondas de hierro oxidado con las letras perforadas.

Estación I. Xesúsé condenado a morte.(A los pies de la colina.)

Estación II. Xesús carga coa cruz. (Él solito que es mayor.)

Estación III. Xesúscae por primeira vez. (Algún cabrón le haría la zancadilla.)

Estación IV. Xesúsencóntrase coa suanai. (Xa che decía eu que esa xente non é de fiar, pensaría.)

Estación V. Simón de Cirene axuda a Xesús. (Muchos dicen que lo obligaron, sino, ¿de qué?)

Estación VI. A Verónica limpiao rostro de Xesús. (Lo típico, escupe en un trapo y zasca.)

Estación VII. Xesúscae por segunda vez. (Casi caigo yo con la mochila, que si llevo esa cruz…)

Estación VIII. Xesús consola as mulleres (¿No estará ahí la cuestión? Aún le quedan fuerzas.)

Estación IX. Xesús cae por terceira vez. (¡Normal! No sé a cuántas mujeres consolaría.)

Estación X. Xesúsespido dos seus vestidos. (Vuelve la burra al trigo.)

Estación XI. Xesúscravado na cruz. (* ¿Cuantas bombonas pediría?)

Estación XII. Xesúsmorre na cruz.

Estación XIII. Descenden o corpo de Xesús.

Estación XIV. Enterran o corpo de Xesús.

* Un repartidor de butano, oye insistentemente que le solicitan diez bombonas para un quinto piso sin ascensor, al llegar al piso, la dueña le dice que no ha pedido ninguna bombona. Mientras discuten, sale una voz del balcón que dice: “taaaano, diez bombonas”. Era un loro que repetía constantemente lo mismo. El enfadado butanero lo clava en la pared con las alas en cruz. El loro pregunta a un cristo que había enfrente¿Cuánto tiempo llevas ahí? Más de dos mil años, le responde Jesús. Pero tú ¿cuántas bombonas pediste?...

Llegamos casi tan muertos como el de la cruz. Hacía un calor bochornoso. En la cumbre, bajo la gigantesca cruz, corría un poco de brisa. No había más ser vivo que una manada de caballos sorprendidos de que llegásemos dos mil años tarde.

No visitamos el lugar de la aparición de la Virgen. Estaba muy alta para dominar toda la colina. No volvió a aparecer. Había en las cercanías, grandes antenas. Supongo que sería para ver si podían localizar el espectro de María, pero creo que se conformaron con Radio María, que se pilla desde todas partes. Como el repetidor está en el cielo…

Continuamos por la ruta Mariana. Visitamos el Nevero de los Frades. Se trata de una gran fosa de unos tres metros de profundidad y tres metros de diámetro. Fue excavada en zona sombría y pavimentadas sus paredes.

Alternamos entre sendero polvoriento y soleado y otros con vegetación que tapaban las marcas. Llegamos al “CamiñodáRaiña. Esta reina era del interior y venía a cobrar los impuestos. Se llamaba Urraca. No se sabe si le pusieron así por el pájaro que tiende a pillar todo lo que brilla, o bautizaron al pájaro porque se parecía a la reina que arramblaba con todo el oro y plata que pillaba.

Este caminito, nos lleva a cruzar la autopista bajo un túnel de hormigón. Dentro, en una zona sombría, había un ser blanco que desprendía un aura celestial. Al ver gente que interrumpía su meditación, se sobresaltó y lanzó un grito de desagrado que se magnificó con el eco: ¡Muuug! Era una vaca blanca que tomaba el fresco. Desconfiada echó a andar alejándose del grupo de infieles.

Estos infieles estaban famélicos, pues al ver moras de escaso tamaño adornando el camino, se lanzaron a la recolecta como si fuesen obleas.

Sobre las once y media, al amparo de la sombra y en presencia de un riachuelo, paramos en una zona del bosque, para tomar el plátano. Mientras comíamos, pudimos ver un caminante que circulaba en sentido contrario a unos doscientos metros. De repente, se para, da la vuelta y sigue avanzando. No sabemos si es que éramos tan feos que lo asustamos o también podría ser que oyese llamar al perrito Cobi y creyese que traíamos covid-19 de contrabando.

Llegamos a una zona de recreo junto al molino Arendo. Las veces anteriores que estuvimos allí había un pequeño parque de recreo para críos. Se lo cargaron, el covid se lo come todo.

Continuamos a las orillas del Río Deva. Fuimos pasando por distintos molinos en distinto estado de conservación. En el molino de San Paio, los más acalorados querían aprovechar la zona del río para darse un chapuzón. Dadas las horas que eran se decide hacer un asentamiento para comer. Unos culos van, otros vienen, otros se sientan, otros se levantan. Unos mojados, otros secos. Unos comen y otros se bañan. La gente, no los culos.

Cuando estábamos en la hora del postre, es cortés que cada uno ofrezca a sus compañeros:

-          ¿Quieres un trozo? Ofrecía un generoso congostreño unos apetitosos trozos de sandía.

-           “mercíbocú” le contesta el agasajado (en francés:mercibeaucoup esmuchas gracias)

Un tercero, que estaba esperando su turno, no se lo podía creer y pregunta asombrado: ¿qué a meta no cu? No hombre, le contesta el inspirado francés, mercí bocu e boas tetas…

Mercí entonces debía ser una señora culona y tetona a la que le gustaba refrescar el culo con sandía, deduzco.

Cruzamos “A fraga do río Deva” que seguro que tiene ese nombre porque los peregrinos de la Ruta Mariana quedaban a deber a los curas.  Llegamos a Cachete, hartitos de calor. Escondido detrás de un muro había un bar de comidas llamado Cruceiro da Balsada. Tras arduas negociaciones, nos fuimos con la esperanza de encontrar una fuente fresquita.

Llegamos al recinto cerca del cementerio. Estaba sombreado por unos grandes árboles y disponía de bancos de piedra repartidos según la normativa covid. Cuando se enfriaron los caminantes, continuamos en busca de la milagrosa fuente. Allí estaba oculta en el interior de un muro de piedra. Desprendía un generoso chorro de agua fresquita. No recuerdo beber tanta agua de una sentada.

Pasamos por la Iglesia para llegar a la localidad de “A Cigarreira”. No sé de dónde viene ese nombre, porque tabaco no venden. Pero la cosa no mejora, llegamos al “Camiño dos Defuntos”, seguro que eran fumadores. Seguimos vivitos todos todo el camino hasta “A fraga do Calvo”. En una poza, peludos y pelados se meten en el agua disfrutando como niños. Los que no, siguen camino.

Volvemos a encontrarnos con la vaca del túnel. Era una negra sombra con un haz de luz solar al otro lado. Esta vez la vaca no se asustó. No quería ir hacia la luz del túnel, eso le supondría una experiencia cercana al cielo, y como no hay un cielo para las vacas, hay vacas que son un cielo.

Cuando llega el primer caminante al pueblo, había cerca de la fuente, dos adorables ancianos sentados separados y con la mirada al frente. Totalmente en silencio hasta que se acerca el extranjero.

- Este é un camiñopara facerdousou tres, sólo faise pesado, dice el más hablador.

- Somos trece e un can, le contesta el sudoroso caminante después de refrescarse.

-¿De ondevindes?

- De Vigo

- ¿E tendesdiso de conavirus en Vijo? É unhaplaja.

- Haimaisconas que virus, pensó, pero dijo: hai de todo.

Al rato comenzó a llegar el grueso de la tropa. El vecino los iba contando según aparecían. No sé si era para matar el rato o que desconfiaba de que no sabíamos contar.

En el pueblo de A Franqueira, en un bar casi improvisado, nos tomamos las cervezas. Las patatillas corrieron a cargo de un nuevo congostreño. Sacó un saco de patatas de medio kilo. Un congostreño al ver el tamaño, pensó: no tendremos que pelarlas y freírlas ahora. No, ya venían preparadas. Con una destreza pasmosa, le abre un redondel en la tripa de la bolsa y lo aprovecha de plato donde pone una ración, el resto queda en la bolsa. La señora del bar, al verse intimidada, se propone a colaborar: ¿Póñovosunsplatiños? Algunos se frotaban las manos esperando unas tapas, pero los platos aparecieron vacíos claro, solo para repartir las patatillas.

Los más apresurados se van, los demás siguen disfrutando de los platos y luego: cada mochuelo…

 

CRÓNICA RÍO BARRAGÁN


A Fraga de Barragán. Moscoso: 04/06/2020


Aparcamos en el recinto de la iglesia de Moscoso. Una vecina nos pidió que quitásemos los coches porque se iba a celebrar la misa en el exterior en honor a San Ja-covid-19 y al necesitar distancia interpersonal, se celebraría en el exterior.


Esperamos un rato porque faltaban los retrasados. Los que llegaban más tarde, me refiero. En total éramos veinticinco. ¡Qué mala rima tiene!


Sobre las nueve y media tomamos “La senda da Fraga do Barragán” que coincidía con la PR-G164. Esta senda contiene una serie de molinos en buen estado de conservación.


Cruzamos varios bosque de un árbol raro cuyo nombre nunca acertaríamos sin una voz en off que gritaba “Hay carballeira”


Al poco rato de salir, alguien nota que faltaba alguien. Se trataba de un nuevo congostreño procedente de Brasil. Dominaba perfectamente el idioma castellano pero un poco menos las costumbres senderistas.


Creyendo que se había perdido, un congostreño veterano retrocedió sobre sus pasos llamando para ver si se había perdido. No era el caso, lo encontró en cuclillas detrás de unos tojos.Ya voy, dice con una voz cargada de esfuerzo, ya os pillo.


Nos pilló porque esperamos por él. Justo es decir que no sabe que cuando se sale de la fila, sea por la razón que sea, hay que avisar, o te puedes quedar descolgado.

Mientras el congostreño socorrista estaba explicando la razón de la parada de todo el grupo se mezclaban conversaciones incongruentes:

-          …Vin paraatras e non estaba. Fun a búscalo e estaba plantando un pino. ¡E sin avisar! Comenta sorprendido.
-          … Planteimelóns, e danse bastante ben, dice una congostreña a modo de comentario acorde con el tema.

Estos dos conceptos juntos evocaron un recuerdo de una anécdota en épocas del contrabando:Un guardia fronterizo, harto de su trabajo, decidió dar un castigo a un contrabandista de aceitunas metiéndole las aceitunas por la retaguardia.

- Toma aceitunas, decía el guardia.
- El contrabandista reía a carcajadas.
- Toma más aceitunas, repetía el guardia.
- El contrabandista no paraba de reír a carcajadas.
- ¿De qué coño te ríes?, ¿de mí o te gustan las aceitunas? Dice enfadado el guardia.
- Perdón señor guardia, me rio de mi compañero que transporta melones…


Llegamos a un tramo del sendero, donde había que cruzar por unas “poldras” o pasos, piedras clavadas en línea recta, a lo ancho del rio para evitar mojarse al cruzarlo.


Una congostreña con poca confianza en su equilibrio, al verse comprometida, su instinto le hizo girarse y solicitar ayuda: ¿me das la mano que tengo miedo a resbalar? Y allí estaba el brasileño encantado de prestarlesu mano. Los demás cruzaron sin incidentes.


A pocos metros nos encontramos con un letrero: “POR MOTIVOS DE EROSIÓN, ESTE TRAMO SÓ SE PODE PERCORRER A PÉ.” ¡Qué disgusto para los que teníamos helicóptero!


Un rebaño de ovejas con su traje de verano, comían plácidamente sin levantar la cabeza. Un ruidoso perro se desgañitaba para decirnos que no las molestásemos.


Hasta la hora del plátano no pillamos ni una sombra. Sol, sol y más sol. Sobre las once y media, en la orilla del río, encontramos unas mesitas. Unos las ocuparon, otros se repartieron entre la campiña y el río. No había prisa, saboreamos el plátano y hasta la cáscara por dentro.


Continuamos río abajo dejando molinos rehabilitados a nuestro paso. Cruzamos la carretera y continuamos por un sendero hacia “Ponte de Pau”. Original nombre para un puente de madera.


Pronto llegamos “A Levada das de Maruxa”. Que son otras piedrecitas para cruzar el río. Allí un congostreñode dudosa cordura, cruza alegremente el río sin descalzarse.


Aquí, una congostreña avezada en estas lides, quiso ilustrarnos de cómo habría que caer en caso de ser necesario. Mientras hablaba, desplaza un pie hacia la roca siguiente, y sin asegurar el paso, trasvasa el peso hacia el pie adelantado. Este pie, que no contaba con tanto peso, se resbala y va a parar al agua. Su dueña desconcertada, pierde el equilibrio, y no encuentra otra forma de recuperarlo. Así que se sienta en el agua. Sí hija si, se sienta aunque no le siente bien.


Llegamos a “Presa do Novo” aunque vamos de todas las edades. La localizamos bajando una pendiente bastante pronunciada (la pronunciaron casi todos). Solo algunos rayos de sol se colaban hacia la presa entre la arboleda. Casi un tercio del grupo se atrevió a darse un baño en esas frías aguas. “Está buenísima” decían conteniendo la respiración.


Un experimentado congostreño estaba buscando acomodo entre las resbaladizas rocas. Al atravesar de una roca a otra más apetecible, apoya un pie sobre un tronco que había entre las dos rocas. El tronco tenía un único punto de apoyo en el centro a modo de balancín. El tronco cede donde el congostreño pisa y se levanta de la parte contraria. Al levantarse el tronco, impide un segundo paso haciendo tropezar al frustrado congostreño. La cosa acabó con el congostreño desparramado encima de la roca a la que quería ir, pero no en esas condiciones.


Aprovechamos el lugar para zamparnos el bocata y disfrutar de la estancia.


El retorno fue rápido y cansado. A un grupo le pareció muy temprano para confinarse y decidieron volver al charco. El resto intenta encontrar un bar pero sin éxito, así que cada uno a su casita.

CRÓNICA RUTA CATASÓS



13/06/2020 – Fraga Catasós


Salimos por asfalto cruzando un pueblecito, pasadas las diez de la mañana. Un espantapájaros nos saludaba desde el centro de un terreno de labradío, era una cruz de madera clavada en el suelo y vestida con un mono de trabajo.Por cabeza tenía un casco rojo de motorista. El mensaje era claro para los pájaros: “no te comas el grano que soy Fernando Alonso (desgarbado y sin cuello) y corro más que tú y si no me falla el coche, te pillo te agarro por el gaznate y devuelves lo comido”. ¡Claro, como él no tiene cuello!


Caminamos en dirección a Sanguiñedo por senderos cargados de maleza. A pesar de coincidir con el Camino de Santiago.


Sobre las dos, al llegar a un pueblecito, amenazaba lluvia, así que aprovechando una pequeña construcción con soportal, nos tomamos el bocadillo.Era temprano pero por si no había otro lugar más seco en el camino. Como no cabíamos todos, los más dulces se sentaron en un parque de enfrente bajo las gotas de un gran roble, para luego atacar con los pastelitos.


Mientras preparábamos los bártulos para comer, un vecino salía a tirar a un contenedor algo que carece de interés, porque solo era una excusa para venir a contarnos su vida y a preguntar por la nuestra. El buen señor estuvo en el extranjero y ahora estaba jubilado en su pueblo. Ni en el extranjero ni en el pueblo debía poder contar sus batallitas, así que cuando detectaba algún indefenso, cogía cualquier tontería y la tiraba en el contenedor, mientras tanteaba el terreno.


Tomamos el sendero de “A Fraga de Quiroga” para hacerle una visita a una loncha de tronco donde se le marcaban los anillos de crecimiento. Parece ser que tenía antes de que lo cortaran, doscientos setenta años. Lo di por correcto para no contarlos.


Sobre las cuatro y media, ya estábamos de regreso en los coches.


Esta vez sí encontramos un bar donde tomarnos las cañitas, en el café concierto, Vagalume, en Salvatierra. Eso sí, con la distancia de seguridad entre personas, no entre la caña y persona. Tanta era la distancia, que alguno acabó sentándose en el palco.

CRONICA RUTA ARMENTEIRA


30/05/2020. Río San Martiño.


Primera pateada de la desescalada: (Ha salido un pareado sin haberlo deseado)


Nos encontramos en el punto de salida y nos saludamos al estilo indio, levantando la mano y asintiendo con la cabeza, a alguno incluso les salía un hilillo de voz.


Ante de salir, nos situamos en círculo alrededor de una hoguera imaginaria para intercambiar ideas y comentarios sobre el drama vivido. Unos con mascarilla, otros esgrimían un palo como barrera para que no se le acercasen. Alguno había despertado rechazo crónico y alacercárselealguien, se alejaba como hacen dos imanes al aproximarlos por el mismo polo.


Todo muy respetuoso, distancia de seguridad y mascarilla puesta comenzamos la caminata en fila india. Pronto nos adentramos en monte vecinal. Subimos hacia la zona de antenas. Los temas de conversación se interiorizaban y se realizaban auténticos monólogos para los adentros.


Los únicos seres vivos que vimos en lo alto del monte, era una manada de diminutos caballos a la sombra de una construcción evitando el castigo de los fuertes rayos de sol.


Poco más adelante, nos sobresaltamos: viajaba hacia nosotros a gran velocidad una cabeza con casco, era un camino hundido y al aproximarse, pudimos descubrir que debajo había un ciclista que se llevó un susto al vernos. Formaba parte de un grupo de ciclistas de montaña que también aprovechaban el día.


Todo muy respetuoso, distancia de seguridad y saludos a distancia. Pero a la hora de hacerse una foto de grupo al lado de la torre… qué covid-19 ni que ocho cuartos, todos muy juntitos sino no se sale en la foto. Ah! Para salir todos, se le pide al ciclista que manosee un teléfono para hacer las fotos, que ya había confianza. ¡Qué bonito es el monte y sus habitantes!


Entramos en el sendero del Río San Martiño camino de la iglesia de Meis, circulamos paralelos a la autopista que lleva a Sanxenxo, para continuar por la “Ruta da Auga e da Pedra”.


Sobre la una y media, nos encontramos un deshabitado merendero a un lado del camino. No pudimos por menos que aprovecharlo.


Todo muy respetuoso. Las mesas se repartían entre los que sus covid’s ya se habían hecho amiguitos.


Al terminar de comer, nos pasamos por laAldea Labrega, que es un conjunto escultórico que representa, en miniatura,las figuras de un pueblo medieval.


Subíamos a orillas del río, cada uno con el pensamiento ocupado con sus cosas, cuando de repente, se oye un estruendo.Algo muy grande salpicaba al caer en un pequeño remanso del río. El bancario no daba crédito, los demás no se lo podían creer. Un acalorado congostreño se había lanzado en bomba, vestido y calzado, y a la vez que se refrescaba se reía del desconcierto que había causado. Supongo que es a eso lo que le llamarán un golpe de calor.


Serían las dos, cuando llegamos al Monasterio de Armenteira, punto de referencia para las bodas degolfistas. Cerca del portalón de entrada, se situaba el bar “O Comercio”. Bajo la sombra de una alargada parra, localizamos un hueco para tomar un cafelico, helado o refresco.


Había dos camareras, una muy profesional, que se escondía tras una mascarilla y guantes y otra más simpática que se dejaba ver.


Tomamos el “Circuito do Monte da Escusa” bajo un sol de justicia que hacía olvidar las restricciones y solo dejaba pensar en una cervecita fresca. No hubo cervecita, cada uno se la tomaría en casita.