CRÓNICA PATEADA 109




Partida: Accidentada. No estábamos todos los que eramos ni eramos todos los que estábamos. Se incorporaron nuev@s congostreñ@s: Pili Mato, Roberto González y Lilia Iglesias. Otros esporádicos: Nacho, José Merino (“ZX”) e Isabel Esperón. Y los más asiduos: Josefina, Carmen, Manolo y Miguel. Salimos del Sanatorio Concheiro, para reencontrarnos en el Instituto de Chantada. Allí nos encontramos todos salvo un eléctrico muchacho llamado “ZX”, el guía de las andainas organizadas por la Universidad de Vigo en Ourense. Este buen rapaz, encontró que había dos institutos en Chantada y se dirigió al segundo. Una vez contactado y reconducido magistralmente por el experto en la orografía del lugar, Manolo, debía haber llegado al punto de salida, pero por efectos de alguna meiga, ZX y su compañera Isabel aparecieron en el Embalse de Belesar.

Recorrido: Salimos del punto acordado, la casa de Carmen y Manolo, situada en unos de los lugares más entrañables de Sanfiz.

Modificando el itinerario inicial, pasamos por el embalse para recoger a la intrépida pareja. El embalse de Belesar es un pantano artificial creado en 1963 en el río Miño taponándolo con la faraónica obra de cemento más grande de este río. Se sitúa entre los concellos de Taboada, Chantada, O Saviñao, Paradela, O Páramo, Guntín y Portomarín. Su capacidad es de 654,5 hm³, ocupando una superficie de 2000 hectáreas y cubriendo 50 km a lo largo del río. La vista desde cualquiera de sus laderas, es espectacular.

Una vez reunida la decena de congostreños, cruzamos el río por la cresta del embalse. Nos disponíamos a ver las riberas y los edificios más emblemáticos de la zona. Entre los que me acuerdo estaban: la Iglesia de Santo Estevo de Ribas de Miño y Sta. Mª de Pesqueiras.

Especial mención necesita la de Santo Estevo de Rivas de Miño, no tanto por sus características arquitectónicas, sino por la anécdota protagonizada por una lugareña:

Para los amantes del arte, diré que esta iglesia es una de las mejores representantes del románico en Galicia, y que uno de los factores que especialmente afectan a Santo Estevo de Ribas de Miño es el lugar de su construcción. Se trata de un paraje agreste en pleno bosque y de empinada cuesta. Ello hace de la visita un completo espectáculo. Por otro lado la inclinación del terreno provoca que los constructores tuvieran que excavar para dejar altura suficiente para el ábside y por el contrario tuvieron que construir una cripta en la parte de la fachada para contrarrestar la elevación del terreno en este punto. Destaca también, para el ojo pagano, que las campanas están acomodadas en el muro externo, totalmente ajenas al edificio. Por otro lado la ornamentación de los arcos de su puerta principal, nada tiene que envidiar a la Catedral de Santiago.

Para los amantes del cotilleo, que los hay, diré que después de subir la cuestecita, sólo se piensa en un buen lugar para sentarse, por lo tanto no se presta atención a las cosas verdaderamente importantes. Encontrábase una buena mujer barriendo la entrada del recinto que rodeaba la iglesia, para dar la bienvenida a los visitantes, suponíamos. Nada hacía sospechar agravio alguno, por lo tanto todos los visitantes, avezados en lides culturales, nos dirigimos al interior del recinto y de la iglesia. El edificio estaba ataviado con flores frescas en jarrones situados con dudoso gusto. Otras flores estaban custodiando la entrada en espera de una definitiva ubicación.

Con unos congostreños dentro de la iglesia y otros por entrar, se desencadenó una estampida de visitantes que apuraban el paso y murmuraban mirando hacia atrás. Era la señora de la escoba, que esgrimiendo su herramienta de trabajo, amenazaba a todo aquel que osase entrar a la iglesia sin el correspondiente pago. Nada hacía sospechar que hubiese que pagar, ni letreros orientativos ni ranura para las propinas.

En escasas y ágiles zancadas, la buena señora se pertrechó en el interior de la puerta. Sujetando con ambas manos las dos hojas que componían la puerta, gesticulaba y berreaba la misma frase una y otra vez “Si non se paga, aquí non se pode entrar” hacía ademán de cerrar y arrastrar a todos los que se encontraban en diámetro de las puertas. Alguna congostreña intentó negociar con ella en su propia lengua, haciéndole entender que la iglesia no era de su propiedad y que no podía decidir por su cuenta y riesgo cobrar a los asistentes. La férrea mujer se defendía diciendo la iglesia siempre estaba cerrada y que la había abierto ella y le había dado mucho trabajo adornarla para una ceremonia particular, boda, bautizo, evento religioso… El tema quedó finalmente resuelto con una dosis de paciencia por nuestra parte y de indiferencia por la litigante lugareña, que al final cedió y entraron los que quisieron.

El resto del camino se desarrolló sin incidentes, salvo la discusión entre los organizadores de si determinado tramo de la calzada llamado Codos de Belesar era romana o no y cuál era el nombre del romano que puso tal o cual piedra del camino. El caso es que ese tramo comienza en la villa de Asma y termina en Belesar. Este camino coincide con el Camino de Santiago y era la calzada número XVIII del itinerario Antonino que estaba considerada como una de las más importantes da Galicia.

El sofocante calor hizo que tomásemos el almuerzo bajo la sombra de la terraza del restaurante del puerto del catamarán. Allí nos tomamos unas cañas y confraternamos unos con los otros. Bueno, salvo un muchacho eléctrico de cuyo nombre no puedo acordarme, que se zambulló en el río y se paseó descalzo por el asfalto bajo el abrasador sol del medio día.

En plena digestión, tocaba subir, subir y subir. El calor y las severas subidas desencadenaron un motín en el grupo. Los más convincentes exponían sus razones para variar el recorrido y poder refrigerar el cuerpo.

Dado que el baño es un ritual en Congostra, fuimos fáciles de convencer. Un pequeño alto en el camino, justo en un remanso del río Asma (no ha quedado claro si la produce o la cura). En el mencionado rio se hizo la división moral de nudistas y textiles, que tuvo buena acogida por los congostreños noveles.

Regreso: Lo mejor del recorrido estaba esperándonos a la llegada. Los organizadores nos agasajaron con un lugar donde ducharnos y una suculenta cena que reconforta el cuerpo y descansa el espíritu del guerrero. Debo decir que los “argentinos” no pudieron quedarse. La agradable sobremesa nos llevó hasta las 22.30, hora en la que partimos para la…

Fiesta popular: Era una fiesta de pueblo con los ingredientes que puedes ver en cualquier fiesta. Sorprendía ver en un iluminado palco, unas mulatas ataviadas con ropajes de luces y flecos que movían graciosamente con el mismo ritmo bajo los efluvios de una muiñeira o de una lambada. Eso sí, era una fiesta especial para Chantada. Se celebra el gran Folión de Carros en el cuarto fin de semana del mes de Agosto.
Es una celebración de etnografía popular cuyo orígenes se remontan a la Edad Media y en el 2002 La Xunta de Galicia la declara “Festa de Interese Turístico”. Sólo por un día los gremios abandonaban su tradicional aislamiento para hacer una especie de manifestación conjunta donde podían ver la multitud de oficios que circulaban por aquellos tiempos. Tan solo dejó de representarse en la Guerra Civil y se volvió a restituir en 1949 hasta la actualidad.

El elemento más importante en la fiesta es el yugo de bueyes y vacas que tiran de unas carrozas que recorren las calles de la villa. Sobre las mismas se representan diversos oficios populares en la comarca y labores agrícolas de honda presencia en Chantada. El tiempo es relativo cuando se trata del Folión de Carros, está preparado para salir a las 11h, pero a las 12.30 no hay señales de las dichosas vacas difíciles de dominar.

Acostarse tarde y levantarse cuando se pueda…
Besitos.
MIGUEL CARBO

1 comentario:

Nacho dijo...

Esta vez te has esforzado un poco más. Parabens!